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Historias

Comenzaré de nuevo las veces que sea necesario

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Por Ivonne Hernández

Artista, políglota, activista ecológico y emprendedor son algunas de las palabras que usaré para describir a José Manuel Vargas Rodríguez, un personaje de Santa Rosa Jáuregui que durante su vida ha tenido la oportunidad de comenzar de ceros en varias ocasiones.

A sus 41 años, Manuel Vargas suma una trayectoria como instructor de pintura en la Casa de Cultura Bicentenario de más de un lustro, actividad que comenzó luego de su regreso de Estados Unidos a su tierra natal.

El pintor confesó que después de “14 años de vivir allá -un divorcio y cuatro hijos producto de ese matrimonio concluido-, las autoridades migratorias me deportaron, pero antes me retuvieron por un periodo aproximado de 10 meses en la base de migración federal”, con la finalidad de advertirle sobre las consecuencias que tendría si regresaba nuevamente de manera ilegal antes de un lapso mínimo de tres años.

Pero como su mentalidad le dicta, “todo pasa por algo, y en ese centro de retención retomé una de mis ocupaciones favoritas: la pintura”, para incrementar sus ingresos aun cuando permanecía en ese lugar.

“Estando dentro de la base migratoria, tuve la oportunidad de convivir con personas de diversas nacionalidades, que como yo estaban a la espera de regresar a su país. De hecho, aproveché mi estadía ahí para aprender algo de mandarín con el grupo de chinos que me acompañaban”, relató el políglota.

Para continuar la narración de ese periodo de su existencia, “también me juntaba con musulmanes, como una estrategia para tener acceso a mejores platillos, pues en ese lugar nos ofrecían alimentos de acuerdo a nuestra nacionalidad, y en esa intención de respetar usos y costumbres del grupo musulmán, su comida resultaba más variada y de un gusto diferente a la que nos ofrecían a nosotros”.

Una vez que Manuel estuvo de regreso en su lugar de origen, se propuso comenzar de nuevo, como ya lo había hecho a sus 21 años en el país vecino de norte. “Verás, cuando me fui a los Estados Unidos, tenía un buen empleo aquí, trabajaba en Mabe y mis ingresos eran bastante buenos, sobre todo en esa época y para un soltero como yo”.

“Luego de conocer a una persona que regresó de allá por un tiempo a Santa Rosa, decidí irme, quise vivir por cuenta propia la aventura y que nadie me la contara”, explicó durante la entrevista.

A Manuel le tocó comenzar de nuevo como ayudante general en el ramo de la construcción, pero al cabo de cuatro años ya dirigía su propia empresa, la cual llevaría por nombre “OSVAR” en honor a su hijo.

Casi al mismo tiempo que Vargas Rodríguez emprendía como contratista, se convirtió en padre de “la primera hija de mi esposa, y poco tiempo después llegó nuestro primer hijo juntos… y tan solo 10 meses más tarde ya teníamos en casa a dos mellizas encantadoras”.

Por lo que en un periodo muy corto, pasó de atenderse a sí mismo a sostener sobre sus hombros la responsabilidad de mantener a una esposa, cuatro hijos y una empresa, responsabilidad con la cual trataba de cumplir a cabalidad, de acuerdo a la educación que su madre le ofreció durante su infancia y adolescencia.

Una vez de regreso a Santa Rosa, Manuel aprovechó la oportunidad de dar clases en la Casa de Cultura Bicentenario. Recuerda que “fui en busca de continuar aprendiendo y conseguí dar clases de pintura en ese lugar, situación que me motivó aún más”, puesto que en ese momento se encontraba en una difícil situación, con sus hijos lejos y una cuenta bancaria vacía.

Mientras la estabilidad regresaba a su vida, Manuel se enteró de la muerte de su exesposa, noticia que estaba acompañada de la nueva situación de sus hijos, “quienes pasaron a un estatus de adopción, porque yo no me encontraba allá con ellos… y aunque el estado se encarga de que sus tutores los mantengan a salvo, para mí no deja de ser preocupante”, confesó el artista.

Por tal motivo, se encuentra empeñado en “levantar mi negocio de pizzas (con los consejos de uno de sus cuñados) que decidí emprender en la comunidad de Jofrito, de tal manera que yo pueda demostrar que mi intención de regresar a Estados Unidos es solo para recuperar y convivir con mis hijos”, explicó el también activista ecológico.

Sobre esta faceta, en los últimos meses él, acompañado de otras personas interesadas en cuidar y recuperar el medio ambiente, ha plantado y entregado en adopción cientos de árboles y plantas de diferentes tipos.

Movimiento ecológico que, de acuerdo a su explicación, “nació de la necesidad de mantener y mejorar la calidad de vida de los habitantes de Santa Rosa y que afortunadamente ha tenido respuesta tanto de parte de las autoridades, que nos han facilitado los árboles, como de las personas que ayudan a plantarlos y entregarlos”.

Asimismo, estas acciones “me han permitido darme cuenta de las muchas necesidades que persisten entre los habitantes de las diversas comunidades de Santa Rosa Jáuregui, y también del apoyo y la confianza que ellos han depositado en mí gracias a esto”, declaró Manuel Vargas.

Actualmente, Manuel se ocupa de diferentes actividades de manera simultánea, que van desde ser docente de inglés (americano y británico) e instructor de pintura en la Casa de Cultura, dueño y cocinero en su pizzería “El Rey” en la comunidad de Jofrito, y defensor del medio ambiente.

Y afirmó que estas acciones son el primer paso en la búsqueda de mejoras para los habitantes de Santa Rosa Jáuregui, porque dentro de sus más grandes planes se encuentra “recuperar a mis hijos, pintar al menos un mural, con motivo religioso, dentro de la Parroquia de Santa Rosa de Lima, e iniciarme en la política de manera independiente para coadyuvar al crecimiento de la delegación”.

Estableciendo que “si toca empezar de nuevo, lo haré las veces que sea necesario”, subrayó José Manuel Vargas Rodríguez.

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