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Historias

Promesa del tatuaje

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Por Ivonne Hernández

Dalila de Anda tiene 21 años, es madre de una niña de tres, deportista y una promesa del tatuaje en Santa Rosa Jáuregui.

Hace aproximadamente dos años, Dalila tuvo su primer contacto con el mundo del tatuaje, luego de la cafetería en la que trabajaba como mesera cerró.

Ella explicó que “Gustavo García, quien era el dueño de ese negocio y además tatuador profesional, me ofreció trabajo en su estudio para que no me quedara sin ingresos, principalmente porque soy madre de una pequeña”.

En el estudio “comencé como recepcionista; después de un tiempo, Gustavo me dijo que si quería aprender algunas de las dos formas de modificación corporal que ahí se realizan, con gusto me enseñaría”.

Como primera opción “comencé con la perforación, pero no me agradó tanto… Después recordé que desde niña tenía facilidad para el dibujo, por lo que le pedí que me enseñara cómo tatuar”.

A partir de ese momento, Gustavo García adoptó a Dalila de Anda como su aprendiz de tatuaje, “algo que es sumamente extraño entre los tatuadores profesionales”, pero que a ella le abrió la puerta al mundo del tatuaje.

Debido a su amplia experiencia, “Gustavo se dio cuenta de que tenía talento para este oficio y me animó en todo momento, sobre todo cuando de perfeccionar mi técnica se trataba”.

Actualmente, Dalila trabaja en “The Beast Training Center”, gimnasio donde “Ángel Alvarado, dueño del lugar, me ayudó a montar un estudio de tatuaje, esto luego de que me pidiera que pintara unos murales dentro del gimnasio en el tiempo en que yo me encontraba desempleada”.

Además de continuar diseñando y tatuando, Dalila cría a su pequeña hija, porque “ella es mi motor, es por quien deseo superarme; descubrí que cuando alguien sigue tus pasos y depende de ti, pierdes el miedo a tener uno o dos trabajos, a ser mesera o ayudar en el aseo, como lo hago ahora en el gimnasio”.

Como si la carga maternal y laboral no fueran suficientes, Dalila también cuida de sí misma entrenando un par de horas cada día en el gimnasio donde trabaja, y pese al cansancio que esto representa para ella, los resultados son “maravillosos y gratificantes, pues puedo ver como mi hija me imita diciendo que tiene un tatuaje por hacer o que va a ir al gimnasio para hacer ejercicio”.

Convirtiéndose en ejemplo vivo “de que todo lo que una se propone, se puede cumplir con esfuerzo y dedicación”, resaltó Dalila de Anda.

Dentro de las metas a mediano plazo, para Dalila destacan “convertirme en un referente del tatuaje dentro de mi comunidad; demostrar que las mujeres pueden sobresalir en un ambiente que está reservado para hombres. Posteriormente me gustaría trabajar en diferentes estudios del país, con la finalidad de adquirir la experiencia necesaria hasta lograr que mi trabajo sea reconocido a nivel mundial”.

Lo que para muchos podría resultar algo imposible y hasta fantasioso, para Dalila es lo que más quiere lograr, con lo que espera que sus seres queridos y en especial su hija se sientan orgullosos de ella.

Pues considera que sería la mejor manera agradecer el apoyo incondicional que ha recibido de “mis padres y hermanos, quienes cuidan de mi hija para que yo pueda seguir trabajando; a mi hija por ser la razón de mi deseo de superación; a los amigos que se quedaron durante y después de mi embarazo; a los que me introdujeron en el arte del tatuaje: Gustavo García y José Reyes, y a los que me dan la oportunidad de seguir trabajando en lo que me apasiona, como Ángel Alvarado”.

Finalmente, la joven promesa del tatuaje en Santa Rosa Jáuregui quiso mandar un mensaje a sus contemporáneos pidiéndoles que “crean en sí mismos, rodéense de personas positivas y productivas, consigue algo que te apasione y aférrate a ello… sin importar los golpes de la vida o las circunstancias, no abandones lo que en verdad amas y menos si se trata de un hijo, aunque eso signifique posponer algunos otros proyectos”.

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