Slider
Historias

Brinda aliento y alimento con amor y esperanza

historia_cristina

Por Ivonne Hernández

Carla Cristina Cepeda es una apasionada de la cocina, suele hacerlo en variedad y volumen para sus familiares y amigos, pero con la llegada de la pandemia a la ciudad de Querétaro, decidió llevar este gusto particular y característico a un nivel altruista.

Ella es una virtuosa multifacética, entre sus fervores destacan la pintura, la literatura y la música, por lo que conoce de primera mano las limitaciones a las que la comunidad artística se enfrenta cotidianamente.

Es por eso que, sin dudarlo, decidió convertir su espacio de trabajo en un comedor comunitario que ofrece “aliento y alimento a quienes más lo necesitan”, confesó Carla Cristina.

A lo que añadió en entrevista: “veo y creo que hace mucha falta que alguien te invite a comer… que te cuide y que resulte algo bello”.

Pero lo que más le preocupa de esta situación de crisis, es el estrés que significa no tener algo que comer, en especial cuando se trata de los niños, porque “casi toda mi vida he trabajado para los pequeños”, razón de más para comprometerse con algo tan delicado y demandante como regalar comida.

En un inicio, el proyecto se complicó cuando en la casa de Cistina se quedaron sin gas, pero con la ayuda de un par de amigas que adquirieron el combustible y otros recursos para dar inicio a esta loable labor, además del apoyo de su esposo Carlos y su adolescente hijo Enrique, a los pocos días el comedor ya era todo un éxito.

Luego de tres meses, Carla Cristina, Carlos y Enrique surten cerca de 105 raciones de alimentos de lunes a viernes, “en un inicio preparábamos para 25 a 30 personas”, pero conforme se fue propagando la noticia la demanda fue creciendo, explicó la altruista.

Lo que representa una inflación del presupuestal exponencial, mismo que es absorbido principalmente por Carla Cristina y Carlos, que como independientes han hecho de todo para sacar adelante el proyecto, como la venta e intercambio de pinturas “y de plantas y la promoción del acopio de alimentos”, relató la pareja.

Además, “Carlos realiza trabajos de reparación y mantenimiento del hogar y yo horneo panes y pasteles que ponemos a la venta en nuestra Pastelería La Abundancia, con lo que hemos logado sacar adelante los menús del diario”.

Asimismo, Carla Cristina recibe algunas donaciones, como “conejo y pollo para cocinar para la gente carnívora, porque yo soy vegetariana de nacimiento”, pero comprende las necesidades de los que gustan de la proteína animal e igual los cocina y sirve con amor para donar.

De tal manera que los más de cien días que ha durado la contingencia sanitaria, Carla Cristina y su familia no solo se han ocupado de sobrevivir, sino que han contribuido significativamente a la supervivencia de decenas de vecinos, conocidos y artistas independientes que se quedaron sin ingresos.