Slider
Opinión

Ecos de la Pandemia

opinion_coronavirus

Por Eduardo Ramos Zúñiga

Para Amadeo, buen amigo y mejor analista futbolero

Aun con días soleados, algo sombrío permanece

Aunque el sol permanece en el zenit, los días, para mí, permanecen sombríos, encorvados, tristes, pues. No sé ustedes, pero los días no son iguales a los de siempre. Tienen un dejo de solemnidad; desolados, tanto que nos hace sentir perplejos.

Los días no son los mismos desde la pandemia, nos saludamos, nos movemos apenas y, lo que es peor, apenas hablamos; toman importancia los instrumentos electrónicos para expresar nuestro sentir, en determinados casos.

Este virus nos pega a todos; pero cuando se hace más cercano, en cuanto parece convivir con nosotros, en ese momento, en verdad determinamos su potencia y gravedad. Al principio parecía un cuento sacado de las más profundas entrañas de Poe o de la mente brillante de Tario, el Francisco que todos llevamos dentro.

Hasta que murió Amadeo, supe la gravedad del ataque violento que le perpetró el coronavirus, su viaje eterno nos deja la enseñanza de que todos estamos expuestos y debemos cuidarnos, extremar todo tipo de cuidados.

A veces uno quisiera ya no pensar más en el problema, pero ahí está y tendremos que acostumbrarnos a vivir con él; a tratar de superar las pérdidas y encontrar consuelo en la fe de que podremos estar inmaculados.

A tratar de sobrellevar la vida evadiendo la letalidad del virus, a buscar dejarla de lado y de no caer en sus malditos “picos”; de driblar esa bolita que nos corta la respiración; está en cada uno impedir caer enfermos.

Como Amadeo, Pancho, que vive en Nueva York, también fue víctima de esa pequeña partícula y no fue hasta que, con la mente ya no pudo vencer al virus, que habló con Dios para sanarse.

Como Pancho, Hugo, en la ahora Ciudad de México, narra que “estuvo bien gacho” las dos semanas que pasó hospitalizado y en que “ya no la veía llegar”; pero con el recuerdo de su familia y las muestras de apoyo de médicos, enfermeras, personal del hospital, amigos y familiares, es que pudo levantarse con el triunfo; si acaso se puede cantar victoria.

En esos días aciagos, se ha manifestado la solidaridad entre quienes perdieron, además de un ser querido, su trabajo o fuente de ingresos. A ellos les ha llegado la ayuda de la gente, ya sea intercambiando productos, por despensas o recabando dinero para la compra de alimentos.

Como Hugo, Pancho y Amadeo, hay millones de personas a la espera de un milagro para salir del trance difícil que significa la enfermedad. Solo la esperanza de volver a ver a sus familiares les produce la fe en salir airosos.

En estos días en que el sol brilla, pero no calienta el alma, en que buscamos abrigo en cualquier parte, en estos días de sol radiante, hay una mancha negra que impide que vivamos normales.