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Historias

En Guanajuato, las biznagas gigantes de Tierra Blanca

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Por Ivonne Hernández

En la localidad de Cieneguilla, Tierra Blanca, Guanajuato, existe un predio que alberga biznagas gigantes con una antigüedad de más de 400 años y una altura de 2.7 metros, todas ellas bajo el resguardo del señor Toribio Viñez Félix, propietario de las tierras donde crecen lentamente estos especímenes de la familia de las cactáceas.

Las biznagas gigantes son de las variedades “burra y guamishera, conocidas popularmente”, explicó Don Toribio, “las primeras eran usadas por los pobladores para alimentar a los burros, por eso reciben ese nombre, las segundas son de las que extraemos el fruto que lleva por nombre guamisha, mismo que vendemos a las paleterías para que hagan sus productos, pero más antes las usaban para hidratarse cuando andaban en el cerro”.

Don Toribio relató que la extensión territorial de la que es propietario, es la herencia que recibió de su padre y, desde que era pequeño, las biznagas existían en todos tamaños. “La gente venía a cortarlas para hacer dulces o alimentar a su ganado, nosotros nunca se los prohibimos, porque nunca imaginamos cuánto tardaban en crecer”.

En la actualidad, preparar el dulce de acitrón no está permitido, “porque pone en peligro de extinción a la biznaga”, dijo Don Toribio mientras señalaba un espécimen de 150 años y 1.5 metros de altura aproximadamente, y continuó: “para que una de las que van naciendo alcance este tamaño, debemos esperar un siglo y medio; nunca las vamos a ver así de grandes”, puntualizó el ahora protector de los cactus.

Continuamos con el recorrido y Don Toribio hizo gala del conocimiento sobre estas plantas, nos mostró cactus de todas las tallas y formas, habló de lo que las hace especiales, como su resistencia a altas y bajas temperaturas; también nos dio a probar algunos de sus frutos y nos explicó cuál es la temporada en que florecen cada uno.

Además nos recomendó algunas hierbas que funcionan como remedios herbolarios y son tan ancestrales como los cactus que ahí habitan. Relató que, en vida, su madre se dedicaba a ayudar y sanar “de algunos males a la gente del pueblo”.

De igual manera que lo hacía su madre, Don Toribio pretende ayudar a la gente poniendo a la venta ungüentos y tinturas para tratar algunas enfermedades, así como ofrecer recorridos en la parte del cerro que le pertenece, de tal manera que a sus 70 años continúa dando sustento a su familia y protegiendo la flora y fauna de esta reserva natural.